Laura Revuelta - Blanco y Negro, 1 Junio 1997

"Recordamos un principio en absoluto original: el ser humano vive rodeado de cosas, de semejantes, inmerso en la actividad cotidiana pero, paradoja de las paradojas, está solo. Todo gira en torno a él y a sus circunstancias, dijo Ortega. Quizá, no existe mayor soledad que ésta: se palpa en el aire, se respira, y si te pilla en momentos de extrema fragilidad hasta te puede asfixiar. Retratarla en sus cuadros ya lo hizo Edward Hopper, e inevitablemente las obras de Eva Navarro los recuerdan. Cuando se le cita tal semejanza sonríe, no porque ella, como explica, lo haya copiado del maestro sino porque así lo ve y ha visto la realidad, antes incluso de que descubiera la obra de éste. Pero curiosamente, también comenta que muchos aprecian en sus cuadros todo lo contrario: un ejercicio de optimismo, tal vez, afirma, por el color protagonista en algunos de ellos.

bar
Retratar la soledad en sus cuadros ya lo hizo Edward Hopper, e inevitablemente las obras de Eva Navarro los recuerdan.
bar

No obstante, las evidencias obligan. En los trabajos de Eva Navarro, los personajes ni siquiera tienen un rostro identificable, anónimos o borrada de la cara toda seña de identidad, como el anciano que aparece sentado en un parque de Nueva York, el pintor que retrata a un paseante o el vendedor de frutas de una esquina de esta ciudad o de cualquier otra o de cualquier paisaje, pues esta artista necesita de los viajes, del aprendizaje a ras de tierra para ver y sentir, sobre todo, la luz en sus diferentes matices."

Crítica a la exposición "Paisajes" de abril 1997 en la Casa de Cultura de Torrelodones, Madrid

 
Right